LA ESENCIA DEL PROBLEMA
SE LLAMA TERRORISMO MEDIÁTICO (I)


Texto: Alberto Maldonado S.
Migrapress-julio 2009
Periodista – Ecuador

 A raíz de una obligada intervención de Gustavo Larrea, el ex Ministro de Seguridad interna, ante la Comisión de Legislación (el órgano legislativo que actúa mientras se conforma la nueva Asamblea Nacional que reemplazará al viejo y podrido Congreso) y de un pedido suyo para que se investigue a periodistas que reciben dos y tres sueldos de potencias extranjeras, la gran prensa ecuatoriana (impresa, televisiva, radial) ha desatado una gran campaña mediática “desafiando al ex Ministro para que denuncie CON NOMBRES Y APELLIDOS a los periodistas que se prestan para una acción” que el propio Gustavo Larrea la calificó de “traición a la patria”

 Las declaraciones del ex Ministro Larrea (considerado uno de los ideólogos del Movimiento País,. que lidera a su vez el Presidente Rafael Correa) se produjeron en vista de que una comisión parlamentaria decidió archivar, por falta de pruebas, una denuncia que pretendió tramitar el legislador de oposición Logroño, íntimamente ligado al ex Presidente Lucio Guriérrez, quien nunca ha rendido cuentas de sus especiales vinculaciones con el para presidente colombiano Álvaro Uribe, durante su medio mandato (2003-2005).

 El tinglado mediático colombo-ecuatoriano

 La intención de Larrea fue tratar de desbaratar todo un tinglado que fue montado por los servicios de inteligencia colombianos y ecuatorianos, a través de medios de comunicación de los dos países. El propósito de esta acción mediática fue (y sigue siendo) tratar de vincular al Gobierno Correa con supuestas vinculaciones con las FARC, especialmente con Raúl Reyes, quien fue asesinado junto a 25 acompañantes en un campamento ubicado en territorio ecuatoriano (Angostura, provincia de Sucumbíos) el 1 de marzo/2008, lo que motivó una airada protesta de Ecuador y el rompimiento de relaciones diplomáticas con Colombia (que aún se mantiene)

 Desde el primer momento, el paramilitarismo colombiano en el poder trató de minimizar y desprestigiar la actitud soberana y digna de Ecuador, frente a esta bestial agresión, relacionando a su gobierno con las FARC. Luego de la agresión, las “inagotables” laptos, supuestamente encontradas por el comando agresor en Angostura, pretendieron inmiscuir al propio Presidente Rafael Correa en el “contubernio con los terroristas” según el argot que utilizan el Presidente Uribe y su ex Ministro de Defensa, el ultra y rabioso Juan Manuel Santos.

 Como ese tinglado les falló, optaron por pretender una supuesta alianza de Gustavo Larrea con las FARC ya que este dirigente político de izquierda, cuando estuvo en funciones ministeriales, fue designado por Correa para que integre la comisión de paz que fue integrada para tratar de encontrar una vía por lo menos de entendimiento humanitario y la liberación de rehenes, entre ellos, la famosa Ingrid Betancourt. En esas funciones, Larrea tuvo una entrevista con Reyes, en un tercer país (probablemente Brasil) pero los ágiles servicios de inteligencia colombo-ecuatorianos pretenden encontrar un nexo directo entre las FARC y el gobierno izquierdista de Correa, a través de Ignacio Chauvin, quien fuera Subsecretario de Larrea pero que no estuvo ni tres meses en funciones; y que según propia declaración estuvo en contacto más cercano con Raúl Reyes y su comando.

 Como se verá, toda una telenovela sobre un hecho que Colombia no sabe cómo desembarazarse. Y sobre el cual, la gran prensa ecuatoriana (especialmente el diario capitalino El Comercio) escribió, entre enero y abril/2009, una serie de “crónicas y reportajes” que unas veces tenían como crédito una “redacción judicial” y otras el nombre del periodista Arturo Torres, quien finalmente aterrizó con un libro novelado titulado “El juego del camaleón” De su lectura, se desprende, con meridiana claridad, que “se inspiró” de cabo a rabo en informes (o inventos) de la prolífica “inteligencia” colombiana, en concordancia con la “inteligencia” ecuatoriana, que acaba de ser desmantelada, tanto a nivel militar como policial, ya que formaban unidades “autónomas” que eran integradas por oficiales que “debían tener el visto bueno” de un funcionario de la embajada de los Estados Unidos (que fue declarado persona non grata por Correa) que a su vez era la cabeza “invisible” de la CIA en el Ecuador.

El terrorismo mediático en acción


Traigo a colación este episodio porque es muy representativo del “terrorismo mediático” en Ecuador. Pienso que el Ministro Larrea, si bien no está descaminado cuando propone a la Comisión Legislativa que investigue a estos periodistas agentes de servicios de inteligencia extranjeros (especialmente la CIA) pero pretende encontrarlos como los únicos culpables de este y otros tinglados que diariamente montan los medios de comunicación del sistema contra el Gobierno Correa, igual que lo hacen contra el Gobierno Chávez, el Gobierno Morales, el Gobierno Ortega y próximamente será contra los gobiernos de Lagos, de Funes y todos cuantos “se atrevan” a proclamar que vamos camino a liquidar la larga noche neoliberal, en América Latina.

 La atroz agresión de Sucumbíos (como se la conoce) fue conocida y analizada en Caracas (marzo 27-30/2008) en una reunión de periodistas, investigadores e intelectuales de América Latina junto a otros casos ocurridos en nuestras repúblicas latinoamericanas, a raíz del ascenso al poder de líderes y movimientos que pretenden un cambio estructural en sus países.

La conclusión a la que llegamos fue que en América Latina, la llamada gran prensa (impresa, radial, televisiva) practicaba el TERRORISMO MEDIÁTICO y era la vanguardia agresiva y sin escrúpulos del sistema imperante: el neoliberalismo. Para ello, la gran prensa estaba recurriendo a tergiversaciones, manipulaciones, falsedades, rumores, amenazas.

 Quedó claro que la estrategia venía de organismo como la SIP, el Grupo de Diarios de América (GDA) Reporteros sin Fronteras que a su vez eran alimentados por la funesta CIA norteamericana, la NED, la USAID y otros organismo similares, en los que, desde luego, se insertan los periodistas según una vieja escuela que viene de los tiempos de la Revolución Soviética (1917 – 1990) y que se “perfeccionó” contra la Revolución Cubana, que ya cumplió medio siglo de enfrentar y luchar contra este verdadero monstruo de mil caras y millones de recursos económicos y técnicos.

 Los medios imponen su política

 Por supuesto, la consigna es general respecto de lo que los medios ultristas deben presentar como bueno o como malo,  como “democrático” o como “libre” como “aceptable” o “inaceptable”. Pero los grupos de poder económico y político (que han sido desplazados o minimizados en algunos de nuestros países y que en los demás van por el mismo camino) hace rato que se apropiaron de los medios e imponen sus condiciones a través de la supermillonaria publicidad de la sociedad de consumo. Asumen para sí esta manipulación mediática, cada vez más descarada y más audaz.

 Es en esta orientación  que el sector empresarial mediático ha venido actuando, en los últimos tiempos. La denuncia y las sospechas contra Gustavo Larrea, Ignacio Chauvín y otros se inscribe en esta práctica perversa. Por ello, digo y sostengo que el problema que estamos viendo y oyendo, todos los días y a toda hora, no es solamente obra de periodistas agentes, sino, sobre todo, responde a una política debidamente engarzada por los propios medios de comunicación del sistema. No debemos olvidar que hará un par de años, los directivos de diarios de circulación nacional (El Comercio de Quito, entre ellos) reunieron a sus plantillas de redactores y cronistas y les comunicaron que, quien difiera o no esté de acuerdo con la política de esos medios, pues bien harán en presentar sus renuncias o atenerse a las consecuencias (el despido)

 En los años 60 – 70 del siglo pasado, Philip Age (un agente encubierto de la CIA)  tuvo el coraje de dejar la Agencia y denunciar sus prácticas de sabotaje y distorsión que ejercía en nuestros países,, con el apoyo de sectores ultristas locales y de periodistas a su servicio. Solo que en esos años, los diarios incluidos en la denuncia, por lo menos tuvieron la decencia de “rechazar indignados” la acusación y de anunciar que “iban a investigar” si en sus plantillas había alguien en esas condiciones. Nunca informaron si se realizó la investigación o si botaron a alguien por ello.

En estos tiempos, el mismo diario El Comercio (y El Universo de Guayaquil, también) mantiene con una columna semanal al terrorista confeso y exilado cubano Carlos Alberto Montaner, cuya tarea es hablar mal de cualquier líder o movimiento que surja contra la situación imperante o ensalzar a tipejos como Reagan, Bush hijo, Vicente Fox, Alvaro Uribe, José María Aznar, y otros) También está entre sus columnistas de planta Danilo Arbila, un uruguayo anticomunista feroz que exhibe, entre sus méritos, el haber sido Secretario de la tenebrosa Dictadura Militar Argentina, que asesinó o desapareció a 30.000 argentinos y argentinas. Los articulistas que “se atrevían” a opinar en contra o que tenían veleidades con Cuba (ahora con Venezuela bolivariana) fueron, poco a poco desaparecidos de sus nóminas. Los poquísimos que quedan con criterio propio, en cambio, hace rato que hablan de cualquier tema menos de este.

Conclusión: los periodistas que estén en plantilla de la doble mesada no son los importantes y peligrosos. Ellos, para el terrorismo mediático que está a cargo de la gran prensa burguesa, son absolutamente necesarios.
  
 


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