VERGUENZA, MIEDO O RACISMO?
Por:Mónica Chuji Gualinga, Migrapress, VII-2008
 

En el Ecuador se mantiene la idea de que el idioma generalizado es el castellano, curiosa denominación que nos remonta a su origen en la región de Castilla, y devenido en lengua oficial del actual Estado español.

Se nos enseñó que era idioma de “cristianos”. Y, en la actualidad, cuando se habla de una manera evidentemente “kichwaizada” se reconviene a “hablar como cristiano”, así como la dificultad de pronunciación correcta de las vocales, del kichwa hablante, obligado a hablar castellano se convierte en motivo de burla.

Previamente a este proceso constituyente que pretende marcar una diferencia, que quiso recoger las demandas populares de varias décadas de frustración, llegamos  a las comunidades con el kichwa y con la promesa de su reconocimiento, como inicio de una proceso de profundización democrática, de reconciliación social, de pago de deudas históricas, de confrontar nuestra realidad. Con ese mismo mensaje se llego a las comunidades del resto de pueblos y nacionalidades.

Entonces el kichwa fue la forma de llegar a las bases de un movimiento indígena digno y propositivo, desde la comprensión de que el diálogo de culturas no es posible sin el reconocimiento de las vertientes idiomáticas.

Es por esto que insistimos en recuperar nuestra historia, en no desconocernos más para poder construir, caminar hacia delante, valorándonos como seres humanos que nos sabemos valiosos en nuestras particularidades, dejando atrás la consideración a unos seres humanos, como menos que tales.

Esta fue la apuesta de un sector importante de Ecuatorianos, que ha sido ajeno para las políticas públicas y que integran las estadísticas de la vergüenza.

La apuesta es el reconocimiento de un compromiso postergado por mucho tiempo, pensando en que el aporte del mundo indígena en la visión del sumak kawsay implique la apertura de nuestra visión hacia las equidades y las solidaridades, hacia mundos y formas de mirar que se complementan, que aportan y enriquecen lo que somos.

Hemos solicitado la reconsideración de los artículos que tratan del carácter de Estado y sus elementos constitutivos con el objetivo de incorporar el kichwa, idioma ancestral con mayor número de hablantes y pueblos que integran esta nacionalidad; como un idioma oficial para el nuevo Estado que pretendemos refundar.

Uno de los avances notorios que hemos construido juntos en esta Asamblea ha sido el reconocimiento de que el Estado ecuatoriano es plurinacional e intercultural. Sin embargo, nos preguntamos: ¿Qué interculturalidad existiría si no se incluye y reconoce como oficial al idioma mas hablado que es el Kichwa?; ¿De qué plurinacionalidad hablamos sin el reconocimiento explícito de los idiomas y la consecuente interrelación con cosmovisiones que enriquecen la diversidad cultural del Ecuador?

¿Es acaso un teatro de sombras el reconocimiento de la plurinacionalidad? ¿Un mero membrete con el cual intentar maquillar al mismo Estado que pretendemos dejar atrás?, ¿Una forma de intentar manipular a los movimientos sociales que históricamente han luchado por la implementación de la plurinacionalidad como alternativa al estado liberal y colonial?

Nadie pretende convertir al kichwa a las otras nacionalidades o comunidades culturales y menos aun imponer el kichwa a los hermanos y hermanas mestizos. Que quede claro que la propuesta es que la oficialización permita la pervivencia y recreación del kichwa. En el marco del respeto y la incorporación real y mantenimiento de los maravillosos idiomas heredados por nuestros abuelos de las catorce nacionalidades.

Estas preguntas saltan cuando se niega la reconsideración de lograr la oficialización del idioma kichwa. Los argumentos huelen a discriminación. Se estaría convirtiendo a la interculturalidad y a la plurinacionalidad en mera retórica.

Negando el kichwa negamos la continuidad de nuestra verdadera historia. No estamos negando el acceso de unos “pocos” indígenas a la ecuatorianidad, sino el acceso de todos (as) a un espejo que refleje lo que realmente somos y nos permita proyectarnos al futuro desde una nueva valoración de las diversas herencias.

¿Es vergüenza, miedo o racismo?. Pueden ser las tres cosas, o simplemente vergüenza del abuelo indígena, negro o cholo. De ser lo que cualquier espejo honesto nos refleja. Recordando otro dicho colonial, en el Ecuador: “El que no tiene de inga, tiene de mandinga”; en correspondencia con el inca como indígena; y, el mandinga como el afrodescendiente.

Una vez más el verdadero cambio tiene que verse acotado al silencio, a la desvaloración, al closet, a la subalternidad.

Miles de ecuatorianos (as) que hemos sido los partícipes reales de procesos heroicos de resistencia al neoliberalismo, constituidos en última frontera de resistencia al neoliberalismo, vinimos con la esperanza de construir un nuevo pacto social sobre la alternativa de la plurinacionalidad.

Nuestra propuesta emancipatoria pretende que esta Asamblea Constituyente no reproduzca la imposición del castellano, que se repita la anulación en lo más sentido de las identidades, que es nuestra manera de nombrar el mundo. América Latina, Abya Yala existió y nombró su mundo siglos antes de la colonia.

La auténtica interculturalidad se debe nombrar en kichwa, en  awapit, chapalaa, tsa’fiki, chá palaa, a’ingae, paikoka, wao tededo, zápara, achuar chicham, shuar chicham, Shiwiar Chicham.

Nombremos al nuevo país al menos en los idiomas que la colonia y la modernidad no exterminaron. Dejemos la vergüenza, el miedo y superemos el racismo. No demandamos un reconocimiento que imponga, no planteamos que en el 2009 el kichwa se implemente en todo el territorio. Planteamos avanzar juntos y juntas hacia una interculturalidad que incluya la preservación y avance de nuestras voces auténticas.

Esta es mi reflexión y mi mensaje, sin resentimientos ni reproche, desde la fraternidad, del ser y sentir de mujer kichwa para los hermanos y hermanas ecuatorianos y ecuatorianas.

 
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Mónica Chuji Gualinga
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