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Del poder mediático al poder
ciudadano
Por Rubén
Darío Buitrón Migrapress Quito-Ecuador
Primero “se programa un ordenador para producir diariamente noticias adaptadas a los resultados de las encuestas. Luego se pregunta a la gente qué noticias prefiere, cada cuánto tiempo quiere que ocurran y qué detalles le gustaría más leer. ¿Hay que informar sobre una catástrofe aérea una vez al mes o con mayor frecuencia? ¿Conviene que se descubran juguetes infantiles entre los restos de un avión? Cuando se produce un asesinato, ¿es mejor que la víctima sea una niña pequeña, una anciana o una embarazada soltera? ¿Es preferible que el cadáver aparezca desnudo o en ropa interior?”. Esta irónica ficción del escritor británico Michael Frayn, citada por David Randall en su libro “El periodista universal”, muestra cómo los medios tienen en sus manos la posibilidad de someter a sus audiencias: la prensa puede llegar a controlar segmentos importantes de la vida de la gente (sus decisiones, opiniones, elecciones) gracias al manejo de agendas temáticas que le generen réditos sobre la base de un alto rating atado al hechizo de lo banal, frívolo, superficial, fácil. Frayn pone el dedo en la llaga de una de las peores desviaciones del periodismo: la mercantilización de las noticias como atracción de supermercado.Stella Martini refuerza el tema: “Dos problemas graves acechan a la noticia: su oferta y circulación como cualquier mercancía y, en relación directa, su espectacularización, que desplazan el eje de relevancia y trivializan el interés público. La consigna es posicionarse con ventaja en el mercado, y entonces la oferta noticiosa resulta un cóctel de información y entretenimiento, de temas pesados e intrascendentes, banales, escandalosos o macabros, de argumentación y narración, de tragedias narradas como películas de acción. A esos públicos se dirigen los medios más desde la conmoción que desde la argumentación”. Si el periodismo es, en esencia, un servicio destinado a la atención de un derecho ciudadano fundamental como es el de la información pública en beneficio de conocer y conocerse, el hecho de que las agendas temáticas se resuelvan en las salas de redacción –a espaldas de la sociedad y del público- evidencia que en esas salas de redacción no tienen la actitud de servir realmente a sus públicos, peor la sensibilidad y apertura mental para ponerse en los zapatos del prójimo, de los otros, y desde allí intentar, al menos, un proceso de repensamiento de la manera en que expresan la realidad para entregar al público los contenidos que este necesita y no los que, supuestamente, quiere. Los periodistas tienen, como principal deber ético, aportar a que los ciudadanos sean capaces, por sí mismos y no por inducción o manipulación, de tomar decisiones que van desde lo cotidiano hasta lo estructural. Los nuevos tiempos demandan que el poder lo tengan los ciudadanos gracias a un periodismo que hable desde los propios ciudadanos. (Fragmento de la ponencia sobre Poder, ética e información, expuesta en el Tercer Congreso Latinoamericano de Comunicación. Loja, 17 de octubre del 2007). |