JULIO ROLDÁN *
migrapress Julio 2009

EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EN ALEMANIA VISTO DESDE LA PERSPECTIVA DE UN INMIGRANTE


INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I

-Significado etimológico e interpretación del término integración
-El Estado, el gobierno y el fenómeno de la integración
-Los partidos políticos y la integración
-Identidad, mentalidad, integración-asimilación.

CAPÍTULO II

-Los inmigrantes y el reto de la integración
-Las tres generaciones de inmigrantes
-Las tres actitudes de los inmigrantes en el proceso de integración
-El drama de la integración en la segunda generación de inmigrantes

CAPÍTULO III

-La sociedad, el Estado, los gobiernos y su actitud hacia el inmigrante
-Trabajo, idioma, tolerancia y solidaridad
-La voluntad compartida en el proceso de integración

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

El tema central de la presente investigación ha captado el interés de algunos sectores de la sociedad alemana en los últimos años.  Esto tiene que ver con dos hechos: Primero, a pesar de las restricciones y el control, siguen llegando inmigrantes a este país, y, segundo, la mayoría de estos inmigrantes y sus descendientes no se identifican con los valores que caracterizan a los miembros de la sociedad alemana.  Nos referimos al idioma alemán, a la religión cristiana y a la democracia representativa como sistema político.  El temor del Estado, del gobierno y algunos sectores de la sociedad es que estos inmigrantes terminen construyendo sociedades paralelas a la oficial.

En el primer capítulo de nuestra investigación, además de tratar sobre el significado etimológico del término integración, el rol del Estado, del gobierno y la sociedad, vemos cuál es la opinión de los principales partidos políticos respecto a la integración y cerramos el mismo abordando el tema de la discutida “identidad alemana”, la mentalidad, integración y asimilación.

El segundo capítulo, que vendría a ser algo así como el corazón de la investigación, comienza con los inmigrantes y el reto de la integración. 
Continúa con las tres generaciones de inmigrantes, las tres actitudes de los inmigrantes en el proceso de integración.  Terminamos con el drama de la segunda generación de inmigrantes en este proceso.

El tercer capítulo trata sobre la actitud del Estado, de los gobiernos y de la sociedad alemana hacia el inmigrante en el proceso de integración. Continuamos con los medios utilizados para un mejor proceso de integración, destacando el trabajo, el idioma, la tolerancia y la solidaridad.  Finalmente terminamos el capítulo y la investigación con la voluntad compartida (inmigrante-sociedad alemana) en el proceso de integración.
Terminamos esta introducción dejando sentado que el presente documento es una investigación preliminar del fenómeno de la integración visto desde la perspectiva de un inmigrante. Creemos que lo aquí expuesto sólo es un primer paso de una investigación mucho más profunda del fenómeno de la integración que aquí sólo hemos esbozado.

CAPÍTULO I

SIGNIFICADO ETIMOLÓGICO E INTERPRETACIÓN DEL TÉRMINO INTEGRACIÓN

Como sucede en todos los campos del conocimiento, aquí incluimos al conocimiento científico como al conocimiento empírico, las palabras, los términos e inclusive los conceptos tienen muchas veces significados diferentes. Éstos, por ser símbolos convencionales a través de los cuales, los seres humanos, nos podemos comunicar y representar los fenómenos y las cosas, adquieren valoraciones y hasta interpretaciones distintas según el momento histórico, el mundo cultural y los intereses político-ideológicos que expresan o desean expresar.

El término que ahora nos ocupa, Integración, ha sido utilizado indistintamente para designar algunas acciones o procesos que van desde las ciencias naturales, pasando por las ciencias sociales y terminando en las ciencias del pensamiento.  Para evitar mayores confusiones nos vemos en la necesidad de retomar su significado etimológico original y compararlo con el significado que normalmente se le da, en el plano político oficial y no oficial, en la sociedad alemana a comienzos del tercer milenio.

Integración es una palabra que tiene su origen en el antiguo idioma latín.  Ella significa: “Acción o efecto de integrar.  Proceso de unificación de varias entidades antagónicas.” (Autores varios 1984: 585)

Con la primera parte de la definición no hay mayor problema, en la medida que es totalmente comprensible y hasta redundante. Pero, si nos orientamos por la segunda parte de la definición, tenemos que decir que una integración de seres humanos, que tienen un origen diferente y más aún intereses antagónicos, es imposible en un todo social. En la medida que los antagonismos, por ser tales, sólo se pueden romper, o en su defecto se pueden, momentáneamente, conciliar pero nunca unificar.  En concreto, la segunda parte de la definición está totalmente divorciada de la realidad.

Siguiendo la segunda parte de esta definición, se puede afirmar que la integración, o “unificación de entidades antagónicas”, es posible que se dé a nivel de la naturaleza (integración geográfica), a nivel de la economía (integrar una empresa en otra) o a nivel del pensamiento abstracto (matemáticas integrales), por citar tres casos. Pero en la realidad social, que es el objetivo de nuestro estudio, donde se trabaja con seres de carne y hueso que tienen, además de sus vivencias concretas, sus fantasías y sus sueños, sencillamente esta definición no ayuda en nada a despejar las sombras que cubren esta problemática.

En contraposición a lo afirmado, no debemos olvidar que la naturaleza evoluciona, que la historia se transforma y que el pensamiento, al mismo tiempo, está en constante movimiento.  Como lógica consecuencia las palabras, las categorías y los conceptos, por ser reflejos del movimiento de los fenómenos, cambian su significado, y a la vez, se dividen según su objeto de estudio.  Esto no debe implicar transitar al otro extremo y terminar creyendo en la relativización de los conceptos.

A nivel social, partimos aceptando que existe un ente social organizado y en funcionamiento.  Este ente social tiene su expresión orgánica en el Estado y el Gobierno, los mismos que son conceptualizados, aparentemente, como entidades auto-integradas o auto-estructuradas en una determinada sociedad.  Este ente se convierte en el polo de atracción o el referente unificador en torno al cual se integran las fuerzas sociales centrífugas o los sectores sociales dispersos.

Este ente integrador funciona de acuerdo a leyes jurídicas, a principios políticos y a normas culturales que han sido aceptadas pacíficamente por la mayoría de sus miembros o en su defecto han sido impuestas violentamente por unas minorías a las mayorías.

El problema estriba en que esta acción de unificación o integración, como nos demuestra la experiencia histórico-social, nunca llega a ser como desean sus mentores o como la teoría la define. Esa unificación o integración ha sido, es y será siempre relativa. En la medida que existe minorías sociales o grupos marginales, que por variadas razones, no se orientan por las leyes, por los principios, tampoco por las normas sancionadas u oficializadas que sí son válidas teórica y prácticamente para el ente oficial dominante e integrador.

Este concepto de integración, líneas arriba descrito, que se utiliza generalmente en la sociedad alemana actual y con el cual nosotros trabajaremos en esta investigación, tiene tres componentes y un objetivo. Los componentes pueden ser definidos de la siguiente manera: Para comenzar, es una acción multilineal, patrimonio exclusivo del ente integrado. Luego el Estado-gobierno, ente integrador, atrae a su seno, a través de sus leyes, sus normas y sus principios, a las minorías o grupos que viven al margen de la sociedad legalizada y legitimada.  Por último, con esa acción pretenden evitar lo que el sociólogo francés Emile Durkheims (1858-1917), hace más de un siglo atrás, llamó “anomia social” o “sociedad sin ley” sobre la cual volveremos enseguida.

El objetivo central de la integración es que estos sectores marginales o grupos periféricos se integren y funcionen como un todo social “armónico” aceptando las leyes, los principios y las normas sancionadas y practicadas por el Estado-gobierno, como ente integrador o aglutinador.

Un tema que se discute a nivel de algunos de los clásicos de la sociología es “estructura social buena”, como sinónimo de “sociedades bien integradas” y por otro lado el concepto de “anomia social” como sinónimo de “sociedades mal integradas”.  Este par contradictorio parece cubrir gran par de la reflexión de un buen número de especialistas en el último siglo.

Veamos un caso a manera de ilustración.  A fines del siglo XIX, el sociólogo Durkheims acuñó el concepto de “anomia social” para designar a sociedades des-estructuradas, sociedades sin ley, donde lo legal y lo legítimo no funciona. Pero a la vez veía en esta des-estructuración la base sobre la cual, posiblemente, se levante una nueva sociedad estructurada. Muchas décadas después, este concepto fue retomado y desarrollado por el sociólogo norteamericano Robert Mertons (1910-1980) en su concepto de “estructura social” como sinónimo de positivo y “anomia” como sinónimo de negativo.

Esta coincidencia y divergencia es retomada y desarrollada por los sociólogos contemporáneos, el alemán N. Elias y el inglés J. Scotson. Ellos afirman: “El concepto de anomia de Mertons es por lo visto diferente al concepto de Durkheim.  En el estudio de Mertons sobre el suicidio se refiere respecto a `Anomia´ a un tipo específico de estructura social. No se refiere a su antípoda que se encuentra dentro de un continuo de composiciones (estructuras) sociales. La tesis de Durkheim, las cuotas de suicidio serían altas si la estructura social específica que él tituló `anomia´ predominan.  En contraposición a las ideas que tenía Merton de que la `anomia´ disminuyera el poder pronosticar la `conducta social´ decía la teoría de Durkheim: que el mejor conocimiento del tipo específico de esta `estructura social´ facilitaría no sólo una explicación para la alta cuota de suicidio sino también proporcionaría y permitiría el pronóstico de alta cuota de suicidio bajo condiciones anómicas.”

Luego continúa: “La idea de Merton de que exista una polaridad entre `estructura social´ y `anomia´ se basa en un mal entendido bastante generalizado.  Se equipara la `estructura social´ a una clase de orden social, siendo calificado positivamente por el observador con la nota del `orden bueno´.  Donde la `Anomie´ es inoportuna y parece ser incompatible con `orden bueno´.  Se entiende el orden que regula bien `la interacción social´.  La identificación de estructura social con el `orden social bueno´ lleva a la suposición que el orden sociológico del comportamiento social disminuye y va siendo excluido, si la `estructura social´, en sentido estructura social buena y un `orden bien regulado´, sea eximido por el `orden malo´ de la `anomia´.” (Elias y Scotson 1990: 273 y 274)

Si vamos a tomar como conceptos orientadores “anomía social” o “sociedad sin ley” para entender la situación de muchos inmigrantes, cabe la posibilidad que ésta sea el fin o el comienzo de una nueva sociedad integrada y estructurada sobre un “orden malo” que muchas veces anuncia un “orden bueno” en términos de los sociólogos arriba citados.

Como vemos, este tema de la integración, con otros nombres, no es tan nuevo que digamos. Lo que cambia es el momento, algunas características, algunos conceptos, pero en esencia la preocupación sobre el mismo es una constante a partir del último siglo en el mundo de la sociología.

EL ESTADO, EL GOBIERNO Y LA INTEGRACIÓN

La integración es un tema que a partir de 1989 (la caída del Muro de Berlín) ha adquirido cierta importancia al interior de la sociedad alemana, evidenciándose más en el plano político y en el nivel de los medios de comunicación social. Es por ello que nos interesa, en función de esta investigación, saber cómo conceptualiza el Estado alemán, como ente integrador permanente, el término mencionado.  En la medida que, deducimos, todos los que hablan y cumplen esta tarea, en el plano oficial, deben tener una orientación única general al respecto, la misma que trascienda a los gobiernos de los demás países (regiones) y al gobierno central de turno.

Lo lamentable es que el Estado alemán, hasta hoy, no tiene un concepto preciso y formalizado a través de una ley o algo por el estilo respecto a la integración. En la Constitución que rige actualmente, del año 1947, no hay ninguna referencia al respecto. Ésta es la razón del por qué los gobiernos abordan el tema como mejor les parece y esto se repite, con justificada razón, con los funcionarios o especialistas que tratan y trabajan sobre el tema de integración.

El gobierno actual, la denominada gran-coalición CDU-CSU-SPD (Unión Democrática Cristiana-Unión Social Cristiana-Partido Social-Demócrata Alemán) en febrero de este año (2007) hizo público los siguientes enunciados generales respecto a la integración. Leamos:

“1) La integración va más allá de la convivencia pacífica entre autóctonos e inmigrantes. Se trata de un proceso bilateral, que requiere franqueza, tolerancia y diálogo entre todos los miembros de la sociedad. La integración significa el reconocimiento mutuo y la responsabilidad común en pro de la sociedad.”

Luego: “2) La integración es una tarea social, de corte transversal, en la que deben ser incluidos todos los grupos sociales activos, por ejemplo, los sectores políticos, económicos, de trabajo, de formación social, cultural, religioso, deportivo y medios de comunicación.”

Y finalmente: “3) La integración requiere que se tome en cuenta la diversidad cultural, así como las diferentes formas de vida de hombres y mujeres en todos los campos sociales, en las estructuras y las organizaciones, incluyendo la administración pública. La integración se basa en el principio de promocionar y exigir. Esto significa que los inmigrantes y sus familias acepten las ofertas de integración y participen según sus posibilidades y cualidades. Los inmigrantes recibirán solidaridad y apoyo de la sociedad de acogida si éstos no pueden valerse por sí mismos.” (Autores varios 2007; 9)

Lo aquí publicado es relativamente claro y, de cumplirse en la práctica, sería realmente un gran avance en el proceso de integración de los inmigrantes en este país.


LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y LA INTEGRACIÓN

Los últimos pronunciamientos oficiales de los cinco principales partidos políticos en Alemania sobre el tema de los inmigrantes y el fenómeno de la integración fueron con motivo de las elecciones generales de 2005. En el documento titulado El reto de los desplazados, en el cual nos basaremos para elaborar esta parte de nuestra investigación, se hace un resumen, a nuestro parecer correcto, de los principales planteamientos políticos de estas organizaciones.

La unión CDU-CSU, en un documento titulado “Alemania utiliza su oportunidad. Crecimiento, trabajo y seguridad, que fue difundido en su programa de gobierno, cuando se referían al tema aquí tratado, que lo titularon “Controlar la migración, fuerte integración”, dice lo siguiente: “Según el pensamiento de estos partidos, la migración debe estar orientada al mercado de trabajo. Alemania no debería ser un país de inmigración para cualquier extranjero. Es por ello que la CDU-CSU, desea seguir una política de ayuda a los países pobres para que luchen en contra de las causas internas que generan la emigración.” (Autores varios 2005: 6)

Y en otro párrafo, sobre la integración, sostiene: “Una parte al interior del partido, nuevamente ha retomado la discusión sobre la teoría de una cultura dirigente, la cual hace crecer las dudas sobre la comprensión de la palabra integración en sí misma. Entendida así la integración, daría la impresión de que se conceptualiza la integración como sinónimo de asimilación.” (Autores varios 2005: 6)

En concreto, para la unión CDU-CSU, Alemania no es un país de inmigrantes. La integración tiene su punto clave en la integración en el mercado de trabajo. Los inmigrantes tienen que integrarse a la cultura alemana. Alemania tiene que defender su identidad cultural que se expresa en el idioma alemán, la religión cristiana y la democracia representativa. Lo último parece ya no ser integración, parece ser asimilación a decir de los que comentan este documento.

Para la CDU-CSU, lo planteado debe hacerse extensivo a la Comunidad Europea para que, con la misma idea, la misma política y los mismos métodos, controlen la emigración en los mismos países de origen.  En consecuencia, los dos puntos centrales pasan por una acción de control político en el plano externo y una fuerte integración económica en el plano interno.

El SPD (Partido Social-Demócrata Alemán) en su documento titulado “Confianza en Alemania. Manifiesto electoral del SPD 2005”, sostiene lo siguiente: “La ley de migración apoya al ser humano en general y a la vez sirve para cubrir los puestos donde se necesitan trabajadores calificados en particular. El SPD proclama, que Alemania es un país de inmigrantes.  Para ellos `la inmigración a Alemania está en retroceso, sin precisar cuales son las causas políticas para que ello ocurra. La consigna de su política sobre extranjeros se llama orientación, limitación e integración de los inmigrantes.” (Autores varios 2005: 7)

Luego continúan: “Estos tres puntos deben mantenerse en la campaña por la reelección. Para ello las personas que permanentemente viven en Alemania deben tener la oportunidad de recibir la nacionalidad alemana. Para el SPD, el aprendizaje del idioma alemán es el aspecto central de la integración. Para este partido, la integración no es una vía de diálogo entre dos partes. Es Alemania la que tiene que ver la mejor forma de cómo integrar a los extranjeros en el seno de la sociedad.” (Autores varios 2005: 7)

Para el SPD, a diferencia de la Unión, Alemania es un país de inmigrantes. De los tres puntos que menciona en su programa, la limitación tiene que ver con los inmigrantes deseados o calificados que Alemania necesita.  En lo referente a la orientación, el punto clave es el aprendizaje del idioma alemán. Con estos dos pilares la integración será mucho más factible.

Por su parte el FDP (Partido Liberal Alemán), en su documento titulado  Migración e Integración. Un concepto liberal, sostiene que Alemania es un país de inmigrantes y el deseo del partido es que continué así. “La política para extranjeros del FDP tiene básicamente cuatro objetivos: 1) Debe haber una inmigración orientada a la necesidad del mercado de trabajo. 2) Según el artículo 16a de la ley básica, cuando la persecución no sea estatal y a la vez por discriminación sexual de las personas, no deberían ser aceptados como asilados. 3) La tarea de la integración debe ser una meta del Estado y por ello debería ser visto como un derecho básico, aquí el aprendizaje del idioma alemán es lo principal. Además debe facilitarse el acceso hacia el mercado de trabajo a los inmigrantes. 4) El proceso de asilo debe ser acelerado con la reducción del proceso judicial.” (Autores varios 2005: 7)

Para Los verdes (Partido Ecologista Alemán), en su documento titulado Conferencia de orden de la delegación federal. Cierre del programa electoral, dicen que: “Ellos desean alejarse de la vieja política sobre extranjeros y expatriados y por el contrario encaminarse a una política de integración con igualdad de posibilidades sociales y con una auto-elección cultural. De acuerdo al programa de elecciones, los derechos humanos y los derechos ciudadanos son de primera importancia también para los inmigrantes. La igualdad de posibilidades debe ser sustentada por la ley en contra de la discriminación, la cual por su parte debe sustentar la comunicación entre seres humanos de diferentes etnias y nacionalidades. La integración de los inmigrantes debe ser promovida con programas especiales para refugiados y sus hijos.” (Autores varios 2005: 7)

Líneas después: “El partido ecologista alemán está de acuerdo con una constitución europea. Europa debe abrirse para los refugiados y debe ofrecerles, por el principio universal de derechos humanos, un hogar. La fundación de campos de refugiados en terceros Estados para los ecologistas no es viable.”

Finalmente el Partido de Izquierda y el Partido Socialista Alemán. Los primeros, en su documento Elecciones alternativas, y el segundo, en El programa del PDS. Documento básico:  “Afirman que sobre la expulsión de grupos de inmigrantes de esta sociedad es un peligro para la misma sociedad.  Los grupos de inmigrantes son presionados a vivir en un sector social muy bajo, con un salario mínimo, con posibilidades muy difíciles de escalar socialmente, con muy pocos derechos y con riesgos muy altos de ser desocupados.  Por ello el partido desea centrar su atención en la protección de refugiados.  Esta protección debe ser ofrecida a los seres humanos sin ningún tipo de barreras.”

Luego dicen que se les debe garantizar un permiso de residencia precisa y adecuada, para que puedan planificar su futuro, es por ello que: “El Partido de Izquierda PDS levanta las siguientes consignas. `Lucha por la justicia´, por `igual participación´ y por `cooperación democrática´. Aquí la lucha en contra de la discriminación por nacionalidad, religión o ideología es lo más importante para ellos. El partido de izquierda y el PDS ven a Alemania como un país de inmigrantes.  Es por ello que la comunicación entre personas de distintas etnias y nacionalidades debe ser permanente y sostenida.  Esto también debe hacerse extensivo al nivel supranacional, a la Unión Europea.  Para las personas que viven y trabajan en la UE (¿legal?) deben existir los mismos derechos humanos como sinónimo de derechos ciudadanos.” (Autores varios 2005: 7)

IDENTIDAD, MENTALIDAD; INTEGRACIÓN-ASIMILACIÓN

Un problema al interior de los partidos políticos alemanes, del Estado alemán, de los gobiernos que se han sucedido en este país y del alemán común y corriente es el tema de la “Identidad”. Para unos, existe la identidad alemana en general. Para unos segundos, existe la identidad nacional. Para unos terceros, existe la identidad cultural. De la claridad que se tenga sobre este concepto de “Identidad” dependerá si el proceso de integración funcionará como tal o, de lo contrario, terminará acercándose a la asimilación, en otras palabras, que la integración no funcione.

Es sabido que muchos en el mundo, y en Alemania por supuesto, toman como expresión de la “identidad” el sentimiento nacionalista y el sentimiento religioso. Ello puede ser válido como sentimiento y como tal nace, se desarrolla y se transforma, muchas veces en su contrario.  En directa alusión al tema, Erich Fromm escribe: “La religión y el nacionalismo, así como cualquier otra costumbre o creencia, por más que sean absurdas o degradantes, siempre que logren unir al individuo con los demás constituyen refugios contra lo que el hombre teme con mayor intensidad;…” (Fromm 1990: 40)

Pero el sentimiento nacionalista y el sentimiento religioso no pueden ser símbolos de la “identidad” en la medida que son sentimientos comunes a la mayoría de pueblos. La verdad es que hasta el momento nadie ha definido en qué consiste la “identidad” alemana. ¿Qué es el ser alemán? O simplemente, ¿qué es lo alemán? “Identidad” que no debe ser confundida con la mentalidad.

En una investigación sobre el tema hace algún tiempo atrás, recurriendo a la historia, hemos hecho la diferenciación pertinente. Leamos: “La característica determinante de la mentalidad, la que en la mayoría de los casos se adquiere inconscientemente y de igual manera se abandona inconscientemente, es ser relativa. Los pueblos, las culturas y civilizaciones en procesos largos, llamados también tiempos históricos, abandonan algunas características, conservan unas segundas y adquieren unas terceras. Esto lo podemos encontrar, con diferencias más o diferencias menos, en todos los pueblos, civilizaciones y países del mundo. El grado de sistematización de estos principios cambiantes, en unos, o el nivel de adhesión con los mismos, en otros, no niega, por el contrario confirman, estas reglas.

Algo totalmente distinto es la denominada identidad, en este caso la identidad alemana, con sus variantes, la identidad nacional, para unos, o la identidad cultural, para otros. Este concepto puede ser válido, como mera abstracción, para la lógica tradicional-formal.  De igual manera para el principio filosófico de identidad pero acompañado indisolublemente por el de la lucha de contrarios. “Identidad y lucha de contrarios”. En el plano de la sociedad, llámese pueblo, cultura o civilización, no tiene ningún respaldo en la realidad.

Comenzando por lo elemental. Ningún ser humano es idéntico a sí mismo, y menos es idéntico a otro.  El ser humano es y no es al mismo tiempo, en la medida que las contradicciones internas que generan los cambios cuantitativos y los saltos cualitativos son la razón de ser de su vida y de toda su existencia. Con esta base, el ser humano, en los pueblos, en las civilizaciones, en las culturas y en los países, la “identidad” a lo mucho que puede llegar es a ser circunstancial y formal.  Mientras que la diferencia-lucha, que determina el cambio y la transformación, es lo esencial y lo absoluto.

Por lo tanto, en nuestro caso concreto, la identidad alemana, la identidad nacional alemana, la identidad cultural alemana, que nadie la ha definido, no pasa de ser una abstracción, cuando no un deseo, y de hecho una ficción. Es una ideología, que permanentemente repite la existencia eterna, innata y universal de denominadores comunes que determinan las características en sí y para sí de los pueblos, de las culturas, de las civilizaciones y de los países. Por lo tanto, a los seres humanos nacidos y crecidos en estos mundos, les es imposible alejarse o auto-liberarse de estas cadenas que marcan y determinan su ser-existencia para siempre.

Para demostrar lo contrario, recordemos un par de casos a manera de ilustración.  En un grueso sector del mundo oficial y no oficial alemán se repite persistentemente que la religión cristiana y el idioma alemán son los dos principales símbolos de la identidad nacional alemana, de la identidad cultural alemana.  En principio la religión cristiana, como todas las religiones, y el idioma alemán, como todos los idiomas, son mutables, son cambiantes.  En su momento aparecieron y se estructuraron en un largo proceso y en su debido momento desaparecerán, no son eternos.  Por otro lado, la religión católica no brotó espontáneamente en estas praderas, tampoco nació en Europa, vino del Medio Oriente.  El indo-germano o indo-europeo, que es la base del idioma alemán y de muchos idiomas más, no es nativo de estas comarcas, tampoco de Europa, según Wilhelm von Humboldt vino del norte de la India.

Por lo tanto,  ¿qué queda de lo innato, qué queda de lo propio, qué queda de lo imperecedero, qué queda de los dos mayores símbolos de la identidad nacional o identidad cultural alemana?  Palabras, fetiches, ideología, propaganda para controlar y manipular a la población con el cuento de la identidad, que casi siempre termina en borrachera nacionalista.

Y el horror de horrores es que la gran mayoría de la población y muchos especialistas, comenzando por los antropólogos, creen a pie juntillas en esta falacia.  Esta “identidad” nacional o cultural, que casi siempre termina en el nacionalismo y de éste al chauvinismo, como es historia conocida, sólo media un pequeño trecho.  Los alemanes tienen una experiencia fresca y nada grata al respecto.  En oposición a lo dicho, teniendo como centro y eje al ser humano en eterno movimiento, en su devenir y perecer, levantamos las banderas del internacionalismo, del cosmopolitismo.  Esto significa vivir todas las patrias.  Beber de todas las culturas.  Sentirse un ciudadano del mundo.  Y ello, en un sistema mundial narcotizado con la “identidad”, enfermo de nacionalismo, es más que suficiente.” (Roldán 2007: 85, 86 y 87)

Sobre el tema de la “identidad” o “el ser del alemán” hace más de un siglo y medio atrás Friedrich Nietzsche escribió: “Es un rasgo distintivo de los alemanes que siempre reaparezca, entre ellos, esta pregunta: `¿Qué es un alemán?´ (…) Lo que caracteriza a los alemanes es que rara vez se han equivocado por completo, dígase lo que se diga de ellos. El alma alemana oculta galerías y pasillos, cavernas, escondites, calabozos subterráneos; su desorden tiene mucho del encanto de lo misterioso. El alemán arrastra su alma como una cadena de presidio, arrastra tras de sí todo el contenido de su existencia. Digiere mal lo que ha vivido, no acaba nunca de digerirlo. La profundidad alemana no es más que una `digestión´ penosa y lenta.” (Nietzsche 170, 171: 1985)

Con las aclaraciones hechas en la citas transcritas podemos concluir esta parte de nuestra investigación diciendo: Primero, no hay ninguna base objetiva para hablar de asimilación en la medida que la “Identidad” no existe, es una quimera, cuando no una ideología. Segundo, se puede intentar la integración, que no pasa de ser relativa, sólo hasta un determinado nivel, no hay en el mundo un país totalmente integrado. Tercero, lo que ha marcado a los pueblos del mundo, Alemania no es una excepción, es mantener la unidad, que siempre es momentánea y relativa, teniendo como base la multiplicidad, que es permanente y absoluta.

De lo contrario, cuando se pretende invertir la realidad, y hacer de la unidad lo absoluto y de la multiplicidad lo relativo, especialmente en esta etapa de globalización (la que comenzó en el siglo XVI a decir de Adam Smith), se desbocan las fuerzas ciegas, sordas y mudas y se termina incendiando Troya. La Primera, y sobre todo, la Segunda Guerra Mundial es un buen ejemplo a tener en cuenta para que la historia no se vuelva a repetir.

En Alemania, actualmente, viven ocho millones de personas que no hablan alemán, que no profesan la religión cristiana y que viven legalmente en este país. En consecuencia, viene la gran pregunta: ¿Qué hacer con ellos? Unos temen que éstos se vayan multiplicando, en la medida en que en estas familias inmigrantes el crecimiento del índice de natalidad es tres veces mayor que en el de los que se reclaman alemanes, hasta dar origen a guetos al interior de la sociedad alemana y después terminen formando sociedades paralelas.  Los más pesimistas y conservadores creen que de ahí sólo mediaría un paso para la desintegración-desaparición de la sociedad alemana.

Paralelo a este grupo, se calcula que en la actual Alemania viven cuatro millones de personas ilegales, la gran mayoría de ellas no hablan alemán y ninguna tiene un trabajo legal, y a pesar de ello, trabaja puntualmente. Nuevamente viene la pregunta: ¿Qué hacer con ellos? ¿Legalizarlos como en otros países? ¿Expulsarlos? La última solución sería lo más fácil pero se ve que la sociedad alemana necesita de estos cuatro millones de ilegales para su funcionamiento.

Por lo tanto los ocho millones de legales y más los cuatro millones de ilegales (12 Millones) que viven en este país, de no implementar una política rápida y eficaz de integración, podrían ser la base de esa desintegración general de la cual temen los más conservadores alemanes.
Nosotros pensamos que ello es posible, talvez a mediano o a largo plazo, estamos pensando en algunos cientos de años. Primero, como consecuencia del movimiento normal e interno de la sociedad en si. Segundo, como consecuencia de la influencia de los inmigrantes. Ello no implicará, de ninguna manera, la desaparición de la sociedad en su conjunto, pero sí la desaparición de un tipo de sociedad, de ciertas características, de algunas expresiones, mentalidades, símbolos y en su reemplazo tendrá que ya haberse forjado otra sociedad. Como conclusión, no hay motivo de alarma al respecto.

CAPÍTULO II

LOS INMIGRANTES Y EL RETO DE LA INTEGRACIÓN

Para una mejor comprensión del fenómeno aquí analizado, partimos haciendo la diferencia de tres momentos al interior de un mismo proceso. Nos referimos al concepto de migrante, al de emigrante y al de inmigrante. Migrante es el término que designa a una persona o grupos de personas que se mueven, por múltiples razones, de su lugar de origen a otro dentro de su país o desde éste a otro. Emigrante es la persona, o grupo de personas, que ha dejado su lugar de origen, su país o continente. Inmigrante es la persona, o el grupo de personas, que ha llegado a otro lugar, a otro país o a otro continente.

Hecha esta aclaración, hay que recordar que estos movimientos demográficos cubren gran parte de la historia de la humanidad. Más aún, estudiosos como Samuel Huntington (1940-) van mucho más allá cuando sostienen que hemos llegado a este nivel de la historia, gracias a estos movimientos migratorios.  Leamos: “Si la demografía es el destino, los movimientos de la población son el motor de la historia.  En los siglos pasados, las diferentes tasas de crecimiento, las condiciones económicas y las políticas gubernamentales produjeron migraciones masivas de griegos, judíos, tribus germánicas, escandinavos, turcos, rusos, chinos y otros pueblos. En algunos casos estos movimientos fueron relativamente pacíficos, en otros, bastante violentos.  Sin embargo, los europeos decimonónicos fueron la raza maestra en lo relativo a invasiones demográficas.” (Huntington 1997; 235 y 236)

Hasta el siglo XV, estos movimientos e intercambios socio-culturales, violentos los más y pacífico los menos, han sido relativamente lentos. Con el descubrimiento de las Indias Orientales y las Indias Occidentales, teniendo a Europa con toda su racionalización como centro e impulsor, se cierra una etapa de este tipo de movimientos y se abre otra. Los que vendrán después, gracias al desarrollo de la ciencia y la técnica, serán muchísimos más rápidos que los anteriores.

Los movimientos migratorios actuales, que tienen en el fenómeno de la globalización una de sus causas principales, se caracterizan por su cuestionamiento, velado en unos casos, abierto en otros, de ciertas formas culturales y normas sociales que rigen los entes integrados e integradores, Estado-Gobierno, en el denominado Mundo Occidental.

El sociólogo anteriormente citado dice: “… los occidentales temen estar siendo invadidos en la actualidad, no por ejércitos y tanques, sino por emigrantes que hablan otras lenguas, adoran a otros dioses, pertenecen a otras culturas y que, temen, se quedarán con sus trabajos, ocuparán su tierra, vivirán del sistema de Estado del bienestar y amenazarán su forma de vida” (Huntington 1997: 237)

En este proceso, el continente europeo, ha sido cruzado, influido y matizado, en todos los niveles, por diferentes etnias y culturas, es por ello que nadie puede afirmar, en estos dos planos, que algún pueblo o comunidad se mantiene en estado puro, en estado virginal. Si esto ha sucedido en Europa en general, en la actual Alemania, referente de nuestra investigación, teniendo un pasado similar al continente, la historia, más o menos, se repite con las mismas características.

El filósofo Friedrich Nietzsche (1845-1900), en torno a la composición étnico-cultural en su país, hace más de un siglo atrás, escribió: “Ésta es, ante todo, compleja, heterogénea, compuesta de elementos yuxtapuestos y superpuestos, más bien que una verdadera construcción; y esto depende de su origen.  Un alemán que se atreviese a decir: ‛¡Yo llevo, ay, dos almas en mí!’,  sería un mentiroso, o más bien tendría necesidad de varias almas para que dijese la verdad.  Pueblo hecho de la más prodigiosa mezcolanza y confusión de razas, tal vez incluso con un predominio de elementos precarios, ‛pueblo del centro’ en todos los sentidos de la palabra, los alemanes son de hecho más incomprensibles, más indefinidos, más contradictorios, más desconocidos, más desconcertantes e incluso más sorprendentes que los demás pueblos.” (Nietzsche 1986: 170)

¿Cuánto de lo afirmado por el filósofo se ajustó a la realidad de su momento? Si una respuesta a ella puede ser discutida, planteemos otra: ¿Y cuánto de ello tiene vigencia en la Alemania de comienzos del tercer milenio?  En primer lugar, el cruce étnico y las influencias culturales, como consecuencia del desarrollo y ampliación del mercado y las dos guerras mundiales, se han acentuado significativamente en el último siglo en este país. En segundo lugar, eso implica que la Alemania actual es un país étnicamente mucho más mestizo y culturalmente mucho más múltiple, donde se “cruzan muchas almas”, que la Alemania de un siglo y medio atrás.

Por otro lado, el Estado-Gobierno, como ente integrador, se ha desarrollado y perfeccionado en el arte de gobernar a las minorías y controlar la disidencia etno-cultural.  Pero hagamos la atingencia pertinente que gobernar y controlar no significa, necesariamente, integrar.
El fenómeno de los emigrantes en el proceso de integración, encabezado por la presencia turca y seguida por los antiguos alemanes provenientes del ex-campo socialista, en la sociedad alemana actual, siendo un problema que preocupa al Estado-Gobierno, no es el primer problema ni mucho menos para la sociedad en su conjunto, como veremos en los capítulos siguientes.

Un tema central que deben hacerse los interesados y responsables del proceso de integración en Alemania es preguntarse: ¿Por qué los migrantes vienen a Alemania?  Es sabido que en este país el clima no es muy benigno. El aprendizaje del idioma alemán es complicado. La sociedad alemana es relativamente cerrada en comparación a otras europeas. El alemán común y corriente es poco amigable. Y por último, el pasado mediato, histórico-político, alemán no es nada halagador o atrayente que digamos para el emigrante común y corriente.

En base a lo mencionado, podemos afirmar que el común de los inmigrantes que vienen a Alemania tiene como principal razón lo económico. En la medida que después de terminada la Segunda Guerra Mundial, en el proceso de reconstrucción de esta sociedad, se produjo el denominado “Milagro económico alemán”, es por ello que llegaron, oficialmente invitados por el gobierno alemán, muchos inmigrantes de Italia, de Grecia, de Portugal, de España y posteriormente de Turquía, a trabajar en distintas ocupaciones en este país. Se les llamó, y aún se les sigue llamando “Trabajadores visitantes”.

Además hay que agregar al pequeño grupo de emigrantes que llegaron, en los últimos treinta años, a este país como refugiados políticos. De igual manera la otra minoría,  de los que llegaron como estudiantes y por diversas circunstancias, matrimonios con alemanes-alemanas frecuentemente, terminaron consiguiendo trabajo y se quedaron a vivir en este país. Éste es el primer grupo que llegó después de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín en 1989.

A partir de este momento (1989), a los emigrantes anteriores, se agrega el tema de la unificación geográfica e integración social de lo que fue la República Democrática Alemana y, a la par, los alemanes que retornaron después de haber vivido muchísimas décadas en el ex-campo socialista, particularmente en Rusia, los denominados Aussiedler.

Después, como ocurre en casi todo el mundo, la cadena de la migración continúa. Huntington, citando a Myron Weiner, al respecto, escribe: “… es que un movimiento migratorio, una vez iniciado, genera su propio movimiento. Los emigrantes posibilitan la emigración a los amigos y parientes que dejan atrás, proporcionándoles información acerca de cómo emigrar, recursos para facilitar el movimiento y asistencia a la hora de encontrar empleo y alojamiento. (…) el resultado es, como él dice, una crisis migratoria a escala mundial.” (Huntington 1997: 236)

Ese movimiento migratorio que describe el sociólogo norteamericano a fines del siglo XX fue visto hace cerca de un siglo atrás por el sociólogo judío-alemán Georg Simmels. Él decía que la diferencia entre lo que sucedía antes y en la actualidad es que: “… el migrante antiguo ahora viene y mañana se va, mientras que el actual, ahora viene y mañana se queda.” (Loycke 1992: 9)

Consecuentemente, siendo el movimiento migratorio mucho más intensivo y vasto del campo a la ciudad, de la provincia a la capital y del Tercer Mundo al Primer Mundo, la tendencia en el plano interno, de los ya establecidos, es quedarse en su nuevo país. La diferencia de los primeros con los segundos es bastante notoria. Teniendo como telón de fondo lo descrito, pasamos a examinar en forma algo más detallada el rol que juega la edad de los inmigrantes en el proceso de integración en Alemania.

LAS TRES GENERACIONES DE INMIGRANTES EN LA INTEGRACIÓN

La edad con la cual llega el inmigrante al país receptor, en este caso concreto Alemania, juega un rol muy importante en el proceso de integración.  Los que llegan por debajo de los seis años de edad y provienen de un hogar promedio normal, sin olvidar su origen, se integran casi espontáneamente a la sociedad dominante.

El jardín de infantes, las amistades, los vecinos, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto desempeñan un papel muy importante en este proceso.  Normalmente estos niños hablan un alemán estándar, son en su mayoría bilingües y tienen una buena predisposición para aceptar otras culturas.  La razón es que hasta esa edad el niño está en una etapa de aprendizaje y socialización que lo hace, generalmente, inconscientemente. Los órganos fonéticos, por ejemplo, no están lo suficientemente desarrollados o estructurados y ello les permite pronunciar las palabras tal y como las escuchan de boca de las mayorías. Y esto se repite también con otros órganos, especialmente el cerebro, para el aprendizaje. Los seis primeros años son muy importantes en la socialización, en la formación del carácter y la personalidad del futuro individuo.

Los que llegan después de esta edad, por las mismas razones anotadas para los primeros, pero a la inversa, tienen mayores problemas en la integración.  Hecho que se complica realmente con la generación que llega entre los diez y veinte años. Es el grupo que llega en el problemático tiempo de la pubertad o en la complicada edad de la adolescencia. Esta generación intermedia da para todo, es la más heterogénea y es la fuente de los mayores problemas sociales, como lo veremos después.

Mientras que para los que llegan por sobre los veinte, treinta años o más, la situación es bastante complicada pero relativamente clara. Ellos llegan con gran parte de su vida hecha y hasta rehecha. Reiniciar de nuevo todo, comenzando por lo complicado del idioma, es una tarea harto complicada. De este sector de inmigrantes proviene el contingente principal de lo que nosotros hemos denominado, en esta investigación, los autistas, que lo desarrollamos en el acápite siguiente.

Claro que al interior de este grupo hay también diferencias. Los que llegaron por causas económicas y su nivel cultural-intelectual es inferior al promedio (no han hecho una profesión universitaria, por ejemplo) tienen una actitud mucho más decidida para trabajar, en lo que sea posible, para ganarse el sustento diario. Mientras que un profesional-académico que llegó por motivos políticos tiene una actitud más reticente a trabajar en lo que se le presente. El primero tiene la ventaja que salió de su país de origen con cierto deseo y como consecuencia su actitud en el muevo país es más decidida para aceptar el trabajo cuando tiene la oportunidad. Ello no ocurre con el otro sector, ellos tuvieron que salir ya que no le quedaba otra cosa. Pero tiene la ventaja de comprender la situación general y particular de la problemática social política y cultural.

EL DRAMA DE LA SEGUNDA GENERACIÓN DE INMIGRANTES

Este sector llega en un momento cuando su carácter y su personalidad, consecuencia del mundo idiomático-cultural, ya está relativamente impregnado en su vida y ser social. Un buen sector del mismo ha comenzado, está viviendo o apenas está saliendo de la pubertad o adolescencia. Y como es bastante conocida, esta etapa de la vida humana se caracteriza por el rechazo, la rebeldía en contra de los padres, de la autoridad, del Estado y de la sociedad en su conjunto.

Si éste es el marco general, en lo particular dependerá de cómo está constituida la familia, cómo es la relación entre sus miembros, cuáles son las tareas o talvez los ideales que los motivan integrarse en la sociedad alemana. Y, por último, la personalidad de cada uno tiene, con limitaciones es verdad, su juego en el fenómeno de la integración.

Unos de los dramas genéricos de este sector es que, para integrase positivamente en la sociedad alemana, llegaron demasiado viejos, muy tarde. Por otro lado, para mantener su mundo cultural del cual provienen, salieron demasiado jóvenes, muy temprano. En este desfase temporal reside uno, posiblemente el más importante, de los hechos donde se evidencia el drama de la segunda generación de inmigrantes.  Se da el caso de que, por ejemplo, la mayoría no sabe escribir bien en su idioma materno.  Pero a la par tampoco saben escribir bien en el idioma aprendido, en este caso el alemán.

Con este problema psico-cultural, sus posibilidades de hacer bien el colegio y luego la universidad son muy difíciles en la mayoría de los casos. Pero cuando lo logran, producto de un largo esfuerzo familiar personal, normalmente son personas con muchos problemas de carácter y personalidad que se expresan en el terrible complejo de inferioridad.

Normalmente su complejo de inferioridad lo compensan con la arrogancia, sobrevalorándose, vendiendo la idea que lo han logrado todo. La mayoría de ellos desean ser alemanes y hacen todo en función de ello, pero cuando se miran en el espejo viene la tormenta y muchas veces odian al mundo alemán. Como producto de sus complejos, cuando están en medio de alemanes buscan diferenciarse levantando y exagerando sus características culturales del pasado. Cuando están entre sus con-nacionales hacen todo lo contrario para diferenciarse acentuando las características de la cultura alemana en su persona. Son, en el plano político, los oportunistas, en el plano social los arribistas y en el plano intimo personal los desgraciados.

Exceptuando a este pequeño grupo, que podríamos decir con el historiador Pablo Macera de los “miserables triunfadores”, a la gran mayoría podríamos llamar la “generación perdida”, la que no da nada o casi nada en positivo y mucho en negativo desde la perspectiva de la integración en el mundo oficial.

Mencionado el papel de la edad de los emigrantes en el proceso de integración en Alemania, pasemos a ver el rol que juega la actitud de los mismos.  En la medida que si no hay voluntad de integrarse, todos los planes y programas al respecto se quedarán en ello.


LAS TRES ACTITUDES DEL INMIGRANTE EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN

Desde el primer momento que los emigrantes pisan suelo alemán se puede observar tres actitudes diferentes, relativamente marcadas, que adoptan la mayoría de ellos. Para ello juega un rol importante, como hemos mencionado, la edad con la cual llegan. El nivel socio-cultural de los mismos. Y por último, las causas que determinaron la salida de su país de origen. Teniendo estos antecedentes, se evidencian tres grupos relativamente diferenciados. Nosotros los hemos denominado los autistas, los alemanizados y los mesurados.

Los autistas. Es un determinado sector de emigrantes que se encierra en su mundo. Se auto aíslan y ponen las bases para la formación del futuro gueto. Esto implica que su contacto con la sociedad alemana se ha reducido a lo más elemental para poder sobrevivir. No aprende el idioma. No trabaja en un empleo formal. No respetan las normas y las leyes. Se alimentan con sus productos “nativos”, si les es posible. No participan de la vida social y cultural de esta sociedad donde real y formalmente viven.

Sus contactos y su vida social se reducen a sus familiares, si es que los tienen, a sus paisanos del mismo país o continente, a la iglesia que profesan y, por último, con alemanes que hablan o desean aprender su idioma y conocer su cultura. Con el desarrollo de la tecnología, pueden recibir las señales de radio y TV directamente en su idioma materno. Por último a través de la Internet pueden comunicarse con cualquier parte del mundo.

Normalmente este grupo de personas, viviendo físicamente en Alemania, psico-culturalmente siguen viviendo en su país de origen. Para ellos todo, o casi todo, es malo en la sociedad alemana. Y en contraposición, todo, o casi todo, es bueno en la sociedad de la cual provienen. Viven en un mundo, en variados aspectos, falso. En la medida que han idealizado el pasado que reemplaza al presente, presente que es visto como un mundo desgraciado.

Los alemanizados. Éste es un grupo que se va al otro extremo de los autistas. Hacen todo lo que les es factible para integrarse, y más aún para asimilarse al mundo alemán. En una palabra, desean ser alemanes. Siendo conscientes que nunca lo conseguirán, persisten en este propósito. Aprenden el idioma lo mejor posible, no quieren hablar más en su lengua materna. Consiguen un trabajo legal como sea, cuando les es posible se nacionalizan y así ponen las bases para la disolución personal-cultural.

Muchas veces respetan las leyes y cumplen las normas con más rigor y disciplina que el propio alemán promedio. No se reúnen ni con parientes ni paisanos. Ya no se alimenta con su comida original. Asisten frecuentemente a las fiestas y celebraciones alemanas. Se casan con alemanes-alemanas y hasta adoptan el apellido de ellas-ellos.  Venden la idea de ser un alemán más a pesar que cuando se miran en el espejo y su acento al momento de hablar les devuelve a la realidad.

Los mesurados. Son los menos, sea por convicción, claridad ideológica o por simple sentido común, son los que buscan el punto medio en la vida. Aprenden el idioma hasta donde les es posible aprenderlo, buscan un trabajo legal hasta donde les es posible buscarlo, traban amistad con todos, alemanes o no alemanes, mantienen contacto con su cultura y lengua madre sin sobrevalorarla y con la cultura y la lengua alemana sin ir a los extremos.

Es posible que este equilibrio sea consecuencia de que han llegado a comprender que no son y no pueden ser alemanes. Pero a la vez ya no son y no pueden ser como cuando salieron de su país de origen. A pesar de ello y como consecuencia de ello, siendo los menos, son los más auténticos.

En cualquiera de estas tres actitudes que adopte el inmigrante, con diferencias más o diferencias menos, todos viven el drama y hasta el trauma del desarraigo. En un trabajo anterior sobre el tema hemos escrito lo siguiente: “Aquí ocurre el despliegue primero y el desdoblamiento después, en la interioridad humana, donde las sombras luchan con sus cuerpos, las horas acometen a los días y las máscaras intentan reemplazar a los rostros. El resultado final, lo han dicho varios, los emigrantes ya no son negros, tampoco son blancos como cuando salieron de su tierra natal. Hoy son simplemente hombres grises que llevan impreso en el alma el trauma de la nostalgia.” (Roldán 2005: 5)

Lo afirmado líneas arriba se da, principalmente, en la primera y segunda generación de inmigrantes, mientras que en la tercera y sucesivas, que no conocemos, puede tener otras características que deben ser precisadas por los responsables de realizarlas.

TERCER CAPÍTULO

LA ACTITUD DE LA SOCIEDAD, DEL ESTADO Y DE LOS GOBIERNOS HACIA EL INMIGRANTE


Las minorías, grupos o personas que viven al margen y talvez en contra del ente integrador son, en una minoría, legalmente originarios de este país y en su mayoría provienen de zonas más allá de las fronteras formales y hasta de otros continentes.  El ente dominante e integrador, el Estado-Gobierno, trabaja teóricamente con estas minorías nativas o de allende las fronteras, en tres niveles, en el proceso de integración.

Primero, una integración a tiempo largo. La denominada integración histórica. La integración a tiempo medio. La llamada integración ideológico-cultural. Y la integración a tiempo corto. Que es traducida como integración económica, política-social.

Tomando en cuenta el momento en el cual se vive y las características de cómo se han construido y delimitado los países europeos, la integración a tiempo corto, siendo un problema complejo, es lo más factible. La integración se vuelve más compleja a mediano plazo. Por último, la integración a largo plazo es la más difícil y complicada, como veremos más adelante.

La integración económica, política-social, tiene que ver con lo básico. La sociedad alemana necesita mano de obra para realizar determinadas actividades que el común del alemán, por una serie de leyes, reglamentos y costumbres no desea o no puede realizarlas. Esto se da en tiempos normales o inclusive de crisis y con mucha mayor razón en tiempos de crecimiento o bonanza económica. En el plano oficial, los empleados en estas actividades, todos o casi todos, son legales, por lo tanto están, en ese nivel, integrados a la sociedad. La situación es diferente en el privado, donde no hay normalmente control sobre este sector.

Aquí se evidencia una cierta contradicción. Por un lado la sociedad alemana necesita de estos inmigrantes por las razones arriba expuestas. Por otro lado, no desean integrarlos por temores religiosos-culturales. Por lo tanto desearían asimilarlos. El sociólogo norteamericano, varias veces aquí citado, generalizando estos temores a toda Europa, escribe: “Las sociedades europeas en general, o no quieren asimilar inmigrantes, o tienen gran dificultad para hacerlo;  por otro lado, el grado en que los inmigrantes musulmanes y sus hijos quieren ser asimilados no está nada claro.  De ahí que sea probable que una inmigración importante y sostenida produzca países divididos en colectividades cristianas y musulmanas.  Este resultado se puede evitar en la medida que los gobiernos y pueblos europeos estén dispuestos a cargar con los costos de restringir tal inmigración, entre los que incluye los costos fiscales directos de las medidas contra la inmigración, los costos sociales de seguir ganándose las antipatías de las colectividades de inmigrantes ya existentes y los potenciales costos económicos a largo plazo por la escasez de mano de obra y otros menores índices de crecimiento.” (Huntington 1997: 143)

Si estos problemas se presentan en el plano económico, la situación se agudiza en el nivel político.  El camino para adquirir la nacionalidad alemana, y luego todos los derechos, es muy engorroso.  Si un inmigrante demuestra que tiene “sangre alemana”, que está respaldado legalmente en el principio de “derecho de sangre”, es de inmediato reconocido, políticamente, como alemán. Por otro lado, un inmigrante puede adquirir esta nacionalidad después de ocho años de residencia permanente en este país. Pero a condición de tener trabajo seguro y permanente, de hablar bien el idioma alemán y conocer la historia y la cultura alemana. En Alemania no hay derecho a la doble nacionalidad como en algunos otros países y éste es un tema de discusión al interior de los interesados.

Finalmente, en el plano social, la situación es mucho más complicada porque ahí juega un papel muy importante la voluntad del inmigrante para allanar su integración y a la vez de la sociedad en su conjunto, del Estado-Gobierno, para trabajar en el proceso de integración.

En el segundo nivel, la integración ideológico-cultural, teniendo como base el idioma alemán y la religión cristiana, que son los dos pilares principales, para la mayoría de alemanes, de la cultura alemana desde hace muchos siglos, la situación es muchísimo más complicada, en la medida que el país geográfico está dividido en las dos grandes religiones. Los católicos predominantes en el sur y los protestantes en el norte. Además otras religiones menores, sectas, cultos y ateos.

A nivel de idioma siendo más homogéneo, con el alemán estándar, todavía persisten los dialectos, los regionalismos por no mencionar los acentos que diferencian a los distintos modos de hablar el alemán en este país. Si todo esto ocurre en el seno de los propios alemanes nacidos y crecidos en este país, geográfica y políticamente delimitado, la situación se complica con los emigrantes que hablan otros idiomas y adoran a otros dioses. Ya lo hemos mencionado, en Alemania hay ocho millones de personas que no hablan el idioma oficial y tampoco profesan las religiones oficiales.

La integración histórica es un gran deseo, desde hace muchos siglos, en la cabeza de los intelectuales y teóricos. Ésta es la más complicada en la medida que no hay una clara definición y delimitación de lo que ello significa. ¿Es una integración de sólo los alemanes? ¿De todos los europeos? ¿De todos en su conjunto? Y en cualquiera de estos casos, ¿en función de qué?

Terminamos este acápite diciendo lo siguiente: La integración económica, político-social, sin ser completa, de alguna manera se da en la sociedad alemana. La integración histórica, por sus características y costos, sólo es un deseo. Pero la integración ideológica-cultural siendo problemática es posible a mediano plazo. La gran pregunta es: ¿Está, más que el Estado-Gobierno, la sociedad alemana preparada para este tipo de integración? En la medida que: “Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tiene su estilo, tiene sus ternuras y durezas peculiares, sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales;  aceptan ciertos males con paciencia. La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan.” (Hesse 1998: 27)

TRABAJO, IDIOMA, TOLERANCIA Y SOLIDARIDAD

El Estado y los gobiernos pueden hasta cierto punto trabajar en función de la integración con medidas precisas y acciones concretas.  Ello se traduce, por ejemplo, al facilitar o brindar puestos de trabajo al inmigrante, teniendo en cuenta que la actividad diaria, sea en los servicios, en la producción o en la circulación, repercute en el consumo y el movimiento del capital, por un lado, y por otro lado, mantiene activo y ocupado, produciendo su sustento diario, al inmigrante. Ésta es una forma, la más elemental, de integrar al inmigrante en la sociedad alemana.

Ligado a ello, el Estado-Gobierno está en la capacidad de impartir clases de alemán para que el inmigrante pueda comunicarse, entienda mejor lo que hace, mejore su rendimiento en el trabajo, se sienta mejor anímicamente en la sociedad en su conjunto. Aprender algo del idioma es la segunda forma elemental de la integración. Hasta aquí el Estado-Gobierno juega un rol activo en este proceso.

La situación se complica, porque escapa de las manos del ente integrador, en el nivel de la tolerancia que necesita el común de los inmigrantes para lograr una mejor y más rápida integración. La tolerancia viene de la denominada sociedad civil, llámese vecinos, compañeros de trabajo, jardín de infantes, escuela, centro de recreación y esparcimiento, etc. Y la sociedad alemana, en términos generales, es intolerante con los extranjeros y especialmente con los inmigrantes pobres que tienen otra pigmentación en la piel. Aquí es cuando aparecen los miedos y los temores a lo desconocido con que está moldeada parte de la mentalidad histórica alemana.

Ligada a la tolerancia está la solidaridad que todo ser humano, en especial los forasteros o recién llegados, necesita para establecerse y echar raíces en su nuevo hábitat. La sociedad civil alemana, consecuencia de su desarrollo histórico y sobre todo de la implantación del sistema capitalista que propugna la competencia y el individualismo por sobre la colaboración y solidaridad, no es solidaria consigo misma y menos con los inmigrantes.

Al contrario es hostil y está llena de prejuicios. Cree que los inmigrantes vienen a quitarles puestos de trabajo, a utilizar la ayuda social que ellos mantienen con sus impuestos, que no respetan sus leyes y normas, que deforman su idioma y su cultura, etc.

Aquí reside posiblemente una de las razones para que los inmigrantes de la segunda y hasta de la tercera generación no se identifiquen con la sociedad alemana y creen, la mayoría de ellos, que la sociedad de donde provienen, que muchas veces hace lo mismo con otros inmigrantes, sea mejor que la actual, donde viven.

El Estado y el gobierno o los gobiernos, a través de campañas en los medios de comunicación (especialmente la TV), en los jardines de infantes, en las escuelas, en las universidades, en los estadios de fútbol, etc., podría desempeñar un papel activo en la sensibilización de la sociedad alemana para hacerlo más asequible al extranjero y facilitar su integración.

LA VOLUNTAD COMPARTIDA EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN

Teniendo en cuenta todo lo descrito a lo largo de esta investigación, creemos que un rol importante desempeña el deseo y la voluntad para integrarse, en cualquiera de los niveles de la sociedad, del inmigrante, por un lado, y el deseo y voluntad, más que del Estado y el gobierno, de la sociedad alemana para aceptar, tolerar y trabajar para la integración del inmigrante, por otro lado.

Compartir voluntades y responsabilidades es una tarea nada fácil pero factible a mediano plazo. Eso implica que los miembros de la sociedad recepcionante comprendan que los que vienen, por un sinnúmero de razones, llegan con un cúmulo de problemas. Que los mismos necesitan tiempo para, de a pocos, ir conociendo y aceptando las nuevas reglas que orientan a la sociedad acogedora. Teniendo en cuenta que aquí, o en cualquier parte del mundo, muchas veces: “La persona al crecer se ve forzada a renunciar a la mayoría de sus deseos e intereses autónomos, genuinos, a su voluntad, y adoptar una voluntad, unos deseos y unos sentimientos no autónomos, sino impuestos por las pautas sociales de pensamiento y sentimiento.” (Fromm 2002: 84)

Recordando esos casos descritos por el estudioso citado, se tiene que comprender que la integración es una acción dinámica y como consecuencia, en medio del proceso, hay perdedores y ganadores. Los que en este proceso sólo desean ganar, sea por el lado de los inmigrantes o por el lado de la sociedad receptora, sencillamente se equivocan. Con esa actitud nunca habrá integración. Se tiene que comprender que la mayoría de los inmigrantes, incluso en su primera generación, ya no son los mismos que cuando salieron de su tierra natal. La sociedad alemana los ha influenciado y a la vez ellos han influenciado a la sociedad alemana de variadas y múltiples formas.

Normalmente se reclama, en los últimos tiempos, en Alemania, que como consecuencia de la inmigración esta sociedad está perdiendo sus valores, mentalidad y otros hablan hasta de identidad. La verdad es que la sociedad pierde rigidez y orden pero gana movimiento y fantasía, consecuentemente vida. Lo último se puede ver en la variedad musical que se escucha, las danzas que se  bailan, los estilos de hablar el idioma alemán y las formas de vida, muy diversas, que conviven en este país.

Esta mezcla, la mutua influencia, es la base para la convivencia.  Los que hablan de una sociedad multi-cultural no están alejados de la realidad. Esto se da espontáneamente en cualquier sociedad. De lo que se trata es que este proceso se dé consciente y planificadamente. Ello implica que unos y otros acepten convivir respetando sus roles y diferencias al interior del todo y a la vez rechazando los egoísmos de “raza”, cultura o de nación superior.

Ernesto Sábato sintetizaba con mucha propiedad lo que aquí sostenemos: “Así como hay un egoísmo individual, existe un egoísmo de los pueblos, que con frecuencia se confunde con el patrioterismo.  Y así como el individuo puede acceder a la suprema categoría de persona venciendo a sus insaciables apetitos, los países pueden alcanzar esa categoría de nación que implica y respeta la categoría de humanidad;  no de una humanidad en abstracto, como postulan ciertos géneros de humanistas racionalistas, sino la constituida por la coexistencia de naciones de diferente color, credo y condición;  no la abstracta identidad, sino su dialéctica integración, del mismo modo que los instrumentos forman una orquesta precisamente porque son distintos.” (Sábato 1987: 106)

Finalmente es menester decir que sin el deseo, sin la voluntad, comenzando con el respeto para convivir, sincero de las dos partes comprometidas (sociedad alemana-inmigrantes) en el proceso de integración, ésta siempre será a medias, se quedará en buenas intenciones de unos y en lamento de otros. De lo que estamos seguros es que se llegará a respetables niveles de integración, la que, dicho sea de paso, será el final de una etapa y a la vez el inicio de otra.






BIBLIOGRAFÍA

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Sábato, Ernesto    Apologías y rechazos, Barcelona 1987.
Verschiedenen Autoren    Flüchtlingsräte, Hamburg 2005.
Verschiedenen Autoren    Hamburger Handlungskonzept zur Integration von zu Wanderung, Hamburg 2007

*Julio Roldán es sociólogo y doctor en filosofía por la universidad de Bremen. Él trabaja como docente en la universidad de Hamburgo. Roldán vive desde 1993 en Alemania-Hamburgo en condición de asilado político.
-Contacto: roldana@web.de
 


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