Nuevas perspectivas de opinión internacional se
están difundiendo a través de los medios de
comunicación internacional. Uno de
ellos es el relacionado a la Nueva
Sudamérica, escrita por Ignacio Ramonet, Le
Monde
Diplomatique, que enfoca una perspectiva halagadora de la América
del “patio
trasero”.

La
nueva Suramérica
Por: Ignacio Ramonet Le Monde Diplomatique
Migrapress-abril-2009
En El Salvador, la reciente victoria de Mauricio Funes,
candidato del
Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional (FMLN), tiene un triple
significado. Por primera vez, la izquierda consigue arrebatarle el
mando a la
derecha dura que había dominado siempre este país
desigual (el 0,3% de los
salvadoreños acapara el 44% de la riqueza), con más de un
tercio de los
habitantes bajo el umbral de pobreza y otro tercio obligado a emigrar a
Estados
Unidos.
Este éxito electoral demuestra, además, que el
FMLN tuvo razón al
abandonar, en 1992 y en el contexto del fin de la guerra fría,
la opción
guerrillera (después de un conflicto de doce años que
causó 75.000 muertos), y
al adoptar la vía del combate político y de las urnas. A
estas alturas, en esta
región, un movimiento guerrillero armado está fuera de
lugar. Ese es el mensaje
subliminal que transmite, en particular a las FARC de Colombia, esta
victoria
del FMLN.
Por último, confirma que los vientos favorables a las izquierdas
siguen
soplando con fuerza en Suramérica (1). Desde la histórica
victoria de Hugo
Chávez en Venezuela hace diez años, que abrió el
camino, y a pesar de las
campañas de terror mediático, más de una decena de
Presidentes progresistas han
sido elegidos por voto popular con programas que anuncian
transformaciones
sociales de gran amplitud, redistribución más justa de la
riqueza e integración
política de los sectores sociales hasta entonces marginados o
excluidos.
Cuando en el resto del mundo, y muy particularmente en Europa, las
izquierdas,
alejadas de las clases populares y comprometidas con el modelo
neoliberal
causante de la crisis actual, parecen agotadas y desprovistas de ideas,
en
Suramérica, estimuladas por la poderosa energía del
movimiento social, los
nuevos socialistas del siglo XXI desbordan de creatividad
política y social.
Estamos asistiendo a un renacimiento, a una verdadera
refundación de ese
continente y al acto final de su emancipación, iniciada hace dos
siglos por
Simón Bolívar y los Libertadores.
Aunque muchos europeos (hasta de izquierdas) lo sigan
ignorando -a causa de
la colosal muralla de mentiras que los grandes medios de
comunicación han
edificado para ocultarlo-, Suramérica se ha convertido en la
región más
progresista del planeta. Donde más cambios se están
produciendo en favor de las
clases populares y donde más reformas estructurales están
siendo adoptadas para
salir de la dependencia y del subdesarrollo.
A partir de la experiencia de la Revolución
Bolivariana
de Venezuela, y con el impulso de los presidentes Evo Morales de
Bolivia y
Rafael Correa de Ecuador se ha producido un despertar de los pueblos
indígenas.
Asimismo, estos tres Estados se han dotado significativamente, por
vía de
referéndum, de nuevas Constituciones.
Removida en sus cimientos por vientos de esperanza y de
justicia,
Suramérica ha dado también un rumbo nuevo al gran
sueño de integración de los
pueblos, no sólo de los mercados. Además del Mercosur,
que agrupa a los 260
millones de habitantes de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y
Venezuela, la realización
más innovadora para favorecer la integración es la Alternativa
Bolivariana
para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Sus miembros (2) han
conseguido una
estabilidad que les ha permitido consagrarse a la lucha contra la
pobreza, la
miseria, la marginalidad, el analfabetismo, para asegurar a los
ciudadanos
educación, salud, vivienda y empleo dignos. Han obtenido
asimismo, gracias al
proyecto Petrosur, una mayor cohesión energética y
también un aumento
significativo de su producción agrícola para avanzar
hacia la soberanía
alimentaria. Gracias a la creación del Banco del Sur y de una
Zona Monetaria
Común (ZMC), progresan igualmente hacia la creación de
una moneda común cuyo
nombre podría ser el sucre (3).
Varios Gobiernos suramericanos (4) dieron, el 9 de marzo pasado, un
paso más
que parecía inconcebible: decidieron constituir el Consejo de
Defensa
Suramericano (CDS), un organismo de cooperación militar creado a
través de la
Unión de Naciones
Suramericanas (UNASUR), organización fundada en Brasilia en mayo
de 2008.
Gracias a estos recientes instrumentos de cooperación, la nueva
Suramérica
acude más unida que nunca a su gran cita con Estados Unidos en la Cumbre de las
Américas que
se celebra en Puerto España (Trinidad y Tobago) del 17 al 19 de
abril. Allí,
los mandatarios suramericanos debatirán con el nuevo presidente
estadounidense,
Barack Obama, quien expondrá su visión de las relaciones
con sus vecinos del
sur.
En su reciente visita a Washington, el Presidente de Brasil,
Luiz Inácio
Lula da Silva, le pidió a Obama que levantase por completo el
embargo económico
contra Cuba, argumentando que es algo a lo que se oponen todos los
países de la
región (5). El pasado 11 de marzo, Washington había
anunciado que los
cubanoamericanos podrán visitar a quien deseen en la isla una
vez al año y
permanecer en ella tanto tiempo como quieran. Aunque durante su
campaña
electoral, Obama prometió mantener el embargo parece que se
avecina una era de
acercamiento entre La
Habana
y Washington. Ya era hora. Queda pendiente normalizar también
las relaciones
con Venezuela y Bolivia. Más ampliamente, Washington debe
admitir que aquello
del "patio trasero" pasó a la historia. Que los pueblos de
Suramérica
se han puesto en marcha. Y que, esta vez, no se detendrán.
Notas:
(1)
El concepto de
Suramérica, del que se proclama partidario el bolivarianismo
venezolano, rebasa
el de "América Latina". Porque reconoce la participación
de las
naciones indígenas y de los afrodescendientes; y abarca a
países y territorios
cuya "latinoamericanidad" sigue siendo cuestionada. En otras
palabras, el concepto tradicional de "América Latina" se queda
corto
para definir el espacio suramericano como conjunto de realidades, desde
Río
Grande y el Caribe hasta la Tierra de Fuego.
(2)
Bolivia, Cuba, República
Dominicana,
Honduras, Nicaragua y Venezuela (Ecuador es país
observador).
(3) Sistema Único de Compensación Regional.
(4) Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana,
Paraguay,
Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
(5) Costa Rica y El Salvador, los dos únicos países de la
región que no tenían
relaciones diplomáticas con La Habana, anunciaron
en marzo pasado su decisión de
restablecerlas.