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LA FURIA DE SATOMI Y EL INICIO DE LA DECADENCIA DEL
FUJIMORISMO
Berlín,
Alemania
La sentencia
condenatoria por la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de la
República del
Perú dictada contra Alberto Fujimori Fujimori o Kenya Fujimori,
se ha
calificado en la prensa internacional, hasta al momento, como uno de
los
documentos jurídicos impecablemente concebido y formalmente bien
elaborado y
redactado, además de resaltar la probidad de los jueces de la
causa y los dos
fiscales que tuvieron a su cargo la acusación a nombre del
Estado.
La
imposición de los 25 años de pena privativa de la
libertad al reo Fujimori es
justa y precisa por haberse demostrado y calificado el delito de
homicidio
(contra 25 ciudadanos peruanos en Barrios Altos y la Cantuta) y
lesiones graves
(contra 4 personas de Barrios Altos) porque estas constituyen
crímenes de lesa
humanidad según el derecho penal internacionalmente adaptada,
además del delito
de secuestro calificado contra dos personas. Todo esto es de suma
exactitud y
rectitud legal.
Pese
a la magnitud de esos “crímenes contra la humanidad” y a la
merecida pena de 25
años de prisión contra el reo arriba mencionado no
corresponde, por cortedad,
la sanción de “daños inmateriales y pagos compensatorios”
a los familiares de
los asesinados y las indemnizaciones a los agraviados con la irrisoria
suma
total de 90 mil dólares. ¿En poco se valora
económicamente la vida y la
dignidad humana en los países del Tercer Mundo?, porque en otros
países los
seguros de vida pagarían mínimamente sobre los cinco mil
euros por gastos de
sepelio y nada comparado con los casos de la Cantuta, Barrios Altos y
secuestros individuales. Este es el punto flaco en las compensaciones.
Tal vez hubiérase
deseado en reparaciones una suma que sobre pase los quinientos mil
dólares.
Por
allí es la “furia” y el “shock” de la señora Satomi
Kataoka administradora de
un hotel japonés –para la prensa peruana ella es “empresaria”– y
esposa del reo
condenado, quien al enterarse de la sentencia contra su marido, que no
le ve
desde el 2007, entre otros conceptos dijo: “es un shock total para
mí, estoy
hirviendo de furia”. Busquemos el trasfondo de las declaraciones
vertidas por
Satomi inspirada por Pluto. En buen lenguaje de los matrimonios en los
países
capitalistas este contrato civil se valora desde un punto de vista
económico,
esa es la ley del “amor” resumida a un simple contrato
pragmático, enmarcada en
su política económica en las relaciones sociales de sus
contrayentes. Los años
que lleva los Fujimoris en gastos judiciales –porque los abogados no le
harán
gratis la defensa–, la conservación de la prisión dorada
aunque la jaula sea de
oro habrá que limpiarla, los viajes, las butifarras, camisetas y
propinas a los
degenerados, aventureros de la burguesía y pequeña
burguesía peruana,
vagabundos, licenciados de tropa, ex–presidiarios, timadores (la “bruja
favorita de Kenya), saltimbanquis, chulos, golfos, dueños de
burdeles,
carteristas, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos
(“patadita
Lora”), literatos mediocres, toda esa masa informe indicada es la base
social
del fujimorismo; los “herederos” políticos –no se sabe el papel
administrativo
económico de la ahora esposa del condenado desde el
Japón– tienen
necesariamente que consumir las “bien saneadas” por Montesinos arcas
dinerales con
la que fugó Kenya del Perú al Japón con el cuento
de participar en un evento
internacional para renunciar a la presidencia vía fax y buscar
asilo en el país
de sus porgenitores y el suyo propio.
La
historia es abundante en datos sobre aquellos que se llevaron en sus
arcas,
como si fueran suyas, millones de oro como es el caso de Hernando
Pizarro que
huyó del Perú hasta España; pero éste no se
salvó de un juicio por sus crímenes
durante la llamada conquista, sin embargo con leguleyadas, que no
faltan de
donde hechar mano, eludió parcialmente una total
confiscación de sus abultados
tesoros casándose con la hija de su hermano carnal el
marqués Francisco
Pizarro. Una mujer jóven como era doña Francisco Pizarro
casándose, hasta con
dispensa papal por su parentela cercana de los novios, no lo
hacía por amor al
tío decrépito sino por el oro que es lo misma figura
actualizada de aquella
japonesa casándose con un abuelo arrugado llamado Kenya con un
cuarto de siglo,
en cada lomo, mucho mayor que ella. Pero el “shock” es que el
compromiso
económico estaría en que no hay acumulación de la
ganancia sino el balance
negativo del activo financiero de una de las fuentes que fluye al
servicio del
fujimorismo. Y la “furia” es comprensible en Satomi por el mucho gasto
de
dinero propagandístico y por las reparaciones que vendrán
con el pago a las
víctimas tarde o temprano. Pero, en fin, es solo una
mohína pasajera lo que
tuvo la japonesa y estaría sancochada de haberse fijado otra
suma morrocotuda
de indemnizaciones pues, además a esas arcas rapiñadas
hubiéranse desgastado y
hasta tal vez Satomi habría pedido un divorcio con el vejestorio
de marras.
Este signo hirviente de shock económico, por la huída de
liquidez, es mucho más
auténtico que las pretendidas herencias politicas a sus hijitos
del reo ahora
condenado por varios crímenes contra la humanidad porque
está probado y con
esto no va ocurrir: “un fenómeno de solidaridad y
canonización de Alberto
Fujimori, y eso le dará más fuerza a la hija” (citado:
Javier Valle Riestra: “Es
un grave error, un crimen judicial”).No faltaba más aquella
profética revelación
del misterio de la saguinolenta trinidad: El Padre, San Nicolás
de Bari Hermoza
sentado al centro, omnipotente, como “victorioso general” que
fulminó a los del
“eje del mal” botándolos a los infiernos llamado Perú, le
hizo entrega de sus
poderes a su unigénito vástago, sentado a su diestra, el
Mesías Alberto
Fujimori para que bajara a ese “infierno llamado Perú” y
gobernara a sangre y
balas inspirado por el Espíritu clandestino de Vladimiro
Montesinos desde el
SIN, sentado a su siniestra, rodeado de los angelitos asesinos que
desde la
“Colina” celestial repetían nefandas canciones diciendo: “Sanctus, innoxius, sanctus, el mejor presidente del
Perú”. ¡Qué
endiosamiento en este Valle de Lágrimas! Y con la
novísima teología neoliberal del
príncipe de la Iglesia peruana, cardenal Cipriani, quien canta
claro: “los
derechos humanos son una cojudeza”, canonizándolos a la trinidad
de criminales. Una figura del
Hamlet con faldas (la hija del condenado), como pretende pintar el
señor Javier
Valle, no resultará siendo real en el Perú porque sus
bases hambrientas del
fujimorismo irán a engrosar a otros alimentadores
políticos cuando ya no se
reciban las gotas gordas depositadas en los bancos japoneses.
Pero
esa vertiente del río de plata oriental, que no se ha mencionado
ni tocado para
nada en este juicio de lesa humanidad, tiene todavía un
riachuelo rico de
pepitas de oro allá donde los pistoleros del oeste tienen bancos
y seguros por
doquier.
El
poder económico que todavía lo sustenta al fujimorismo
les hace pronunciar y
escribir barbaridades dichas y pesadas en la política social en
el siglo XVII
como si Kenya fuera el Estado peruano mismo, como si fuera la misma
personalización
de las fuezas armadas peruanas conforme lo dijo bufando la hija del
condenado
lo siguiente: “es una sentencia contra el Estado peruano”. Vaya,
entonces Kenya
es el mismo absolutista Luis XIV redivivo quien dijo: “El Estado soy
yo”. Y no
puede ser más puesto que siempre el reo, hasta en la
última defensa en el
proceso en contra suya, expresó su exacerbado narcisismo.
De
hoy en adelante las reparaciones que tendrá que pagar Kenya
apuntarán a su
punto débil de Aquiles, porque de haber sido más
drástica los montos
indemnizatorios fijado por los jueces, no le tocarían solamente
al talón sino a
la columna vertebral del fujimorismo. Aún así no
está reparado el daño material
y psíquico de los parientes de los asesinados ni cicatrizadas
las heridas
profundas de los familiares y las víctimas secuestradas porque
la sentencia:
“fue un simple acto de hacer justicia” (citado: Gustavo Gorriti,
publicado en
varios diarios peruanos) según el entender por el mencionado
periodista cuya
idea pueda diferir de nuestr concepto aquí manifestado.
Habría
que reparar el deshonor público a todos aquellos que fuimos
injustamente
perseguidos por las hordas criminales de Fujimori, Montesinos y sus
cómplices parlamentarios
quienes hasta el presente comparten el poder aprista. No está
demás anotar
que el año 2000 una conocida parlamentaria racista y fujimorista
llegó a
contactar con algunos parlamentarios alemanes a quines hizo entrega de
una
nefesta “lista negra” con nombres de peruanos residentes en la
República Federal
de Alemania que, según entender del “servicio de inteligencia
nacional (SIN)”
de Montesinos y los de una llamada Asociación Peruano–Alemana,
aquellos peruanos,
anotados en el “index” fujimorista, eran supuestamente “terroristas” o
hacían
apología al terrorismo sin importales probar sus acusaciones y
solamente imputándoles
culpas al más límpido estilo inquisitorial. Esta
accción incriminatoria, sin
fundamento alguno, lanzada sobre muchos peruanos que residen en el
extranjero
debe ser levantada conforme a lo dispuesto por la justicia peruana que
se pronunció
en lo siguiente: “Decretrar el cumplimiento de medidas de
SATISFACCIÓN,
REHABILITACIÓN y de no repetición, solicitadas por la
parte civil porque éstos
ya han sido dispuestos por la justicia internacional”. Este trabajo de
rehabilitación a numerosos inmigrantes peruanos debe hacerse
efectiva, sin
excusa alguna, porque esas calumnias fueron fulminadas por los
parlamentarios
fujimoristas por el solo hecho de los inmigrantes haber denunciado esas
matanzas y haber solicitado ante la ONU la exahustiva
investigación de numerosas
desapariciones forzadas ocultadas por el gobierno. A muchos peruanos en
el
exterior han sindicado el siniestro “servicio de inteligencia nacional
(SIN)”
de Montesinos como subversivos, los parlamentarios fujimoristas y
algunos fámulos
leguleyos adictos a la dictadura fujimontesinista los calificaron de
“terroristas”
y sobre esto hay constancia como escribe un ex-parlamentario de aquella
época en
lo siguiente: “los tres poderes del Estado y las fuerzas armadas
actuaron en
una misma dirección: encubrimiento total, LLENANDO DE OPROBIO A
LAS VÍCTIMAS, A
SUS FAMILIARES SIN UN MÍNIMO DE PIEDAD, TAMBIÉN A LOS QUE
DENUNCIAMOS Y A LA
OPOSICIÓN” (citado: Henry Pease: “El autócrata es
culpable”); Ahora debe ser el
momento en que la ignomia sea resarcida para devolverle al Perú
esa paz y
reconciliación entre peruanos quechuas, aymaras y otros grupos
étnicos sociales
que aspiran construir una Nación sólida y moderna. Abril de 2009 Para Migrapress.
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