EL DOBLE DISCURSO DE LOS DERECHOS HUMANOS


POr: Luis Cueva, Migrapress, Quito-Ecuador.
Octubre-2007

 Como el que más rechazo todo tipo de violencia y me solidarizo con la periodista Cora Cadena que fuera víctima de la aleve agresión por un grupo de personas identificadas con los skinheads o neonazis, hecho que también ha sido repudiado por toda la opinión pública nacional.

 También es loable reconocer la inmediata reacción de los grupos de derechos humanos del país y otros colectivos que se han hecho presentes para expresar su solidaridad con la comunicadora social. Igual hay que destacar la presencia física del Vicepresidente de la República y el Ministro de Gobierno en el acto de respaldo que se llevó a cabo recientemente en las inmediaciones de Radio La Luna, en donde labora la periodista agredida.

 Estos actos de respaldo me hacen recordar la década de los 80 cuando los grupos de los derechos humanos encabezaban los reproches contra los regímenes autoritarios como el de Febres Cordero o las dictaduras militares que le antecedieron.

 Pero, me pregunto qué pasó con esos mismos grupos de derechos humanos y sus caciques como Alexis Ponce, Juan de Dios Parra y otros cabecillas que lideraban las protestas contra el autoritarismo y los abusos del poder. Me hago esta pregunta porque no se constató la misma reacción de solidaridad cuando la periodista de Diario HOY, Gisella Cola, con seis meses de embarazo, fue agredida por una simpatizante del gobierno, cuando intentó hacer una pregunta al entonces todopoderoso ministro de Economía, Ricardo Patiño.

 En la crónica de Diario HOY, de 24 de mayo de 2007, se pudo leer lo siguiente: “…Mientras los comunicadores formulaban las preguntas, una de las mujeres filmaba la escena con su teléfono celular. En ese momento, la periodista Gisella Cola, quien tiene seis meses de gestación, preguntó al funcionario por qué no hizo público el video del escándalo antes de la denuncia de su ex asesor, Quinto Pazmiño. Ese momento, la mujer, que no fue identificada, agarró de los cabellos a la reportera y empezó a zarandearla, mientras vociferaba que la pregunta era suspicaz y una muestra de la corrupción de la prensa. Cola perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer al piso, pero inmediatamente intervinieron colegas de otros medios y un miembro de la seguridad del ministro se acercó para separar a la agresora…”

 ¿Qué pasó con la agresora?, nadie lo sabe, ni tampoco hay indicios de que se haya iniciado alguna investigación y menos que se haya sancionado. Claro, se trataba de simpatizantes del gobierno y eso era suficiente para la agresión física y verbal contra la periodista y sus colegas. No hubo marchas de solidaridad y tampoco ofrecimiento de autoridad alguna de que el caso sería investigado para sancionar a la o los agresores.

 Será acaso que en materia de derechos humanos también hay ciudadanos de primera y de segunda. No lo creo, pero si me atrevo a señalar que quienes fungen de defensores de los derechos humanos deben cambiar de actitud y demostrar que son ecuánimes en sus apreciaciones y no porque se trate de este gobierno se deben hacer los ciego, sordos y mudos.

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